A puerta cerrada, de J.P. Sartre

La compañía La Puerta Estrecha, continua en su indagación acerca de los mecanismos de la violencia, cómo funcionan y porqué forman parte de nuestra estructura cultural, social e individual. En “A Puerta Cerrada” de Jean Paul Sartre, su segundo montaje, nos proponen sentarnos en el patio de butacas como jueces morales. 

 

Hoy, el castigo del infierno es como máximo un chiste; la antigua moral, válida en 1945 (fecha del estreno de la obra), ha sido lanzada al cubo de la basura, ¿son hoy los otros nuestro infierno? ¿o son nuestra coartada? 

 

La banalización del mal está en su máximo apogeo. “A puerta cerrada” parece que hoy tiene más de reality show que de análisis existencialista del individuo. Un Gran Hermano teatral. 

 

"El infierno son los otros". J.P. Sartre | Foto: Eva Nieto

Garcín, Inés y Estela son personas normales; no son criminales, no son psicópatas, no son monstruos. Desde un análisis sociológico y psicológico, sus malos actos (tortura y asesinato) son causa de la disociación, neurosis o depresión generadas por sus respectivas condiciones de género, clase y/o orientación sexual. 

 

Las víctimas se tornan victimarios. Cuánto tiempo necesita una persona normal para vencer su innata repugnancia hacia el delito, y qué le ocurre a esa persona cuando se encuentra en ese caso. 

 

Los tres personajes son conscientes del sufrimiento que han infligido a otros, son conscientes de sus crímenes. Diferencian perfectamente entre el bien y mal. Asumen su culpabilidad, pero no sienten ni piedad, ni compasión, ni arrepentimiento. La asunción de culpabilidad no “resuelve” nada, no conduce a asumir la responsabilidad. No les supone ninguna crisis de conciencia. Mientras estuvieron vivos, sus actos no tuvieron ninguna consecuencia, es más, encontraron espacio para el “autoengaño” que les permitía seguir viviendo normalmente y mantener sus máscaras sociales. 

A no ser porque están en el infierno, sus crímenes quedarían impunes, y una vez allí, lo único que intentan es salvarse del castigo. 

 

Nuestra conciencia del sufrimiento ajeno y sus causas, el ejercicio del mal a través de la violencia, es quizá más plena que nunca, y al mismo tiempo, está al máximo anestesiada. Las estructuras de pensamiento moral manejan el “autoengaño” colectivo frente a las atrocidades que se nos presentan día a día y de frente. Compañía La Puerta Estrecha se pregunta en este trabajo sobre el efecto de este “autoengaño” a nivel individual, sus consecuencias en nuestras relaciones y en la construcción de la sociedad en la que vivimos, cuyo sistema moral ha saltado por los aires. 

 

Bienvenidos y bienvenidas al infierno de la conciencia. A ustedes les corresponde sentenciar.

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